lunes, 3 de diciembre de 2012


¡Hermanas, venid despacio!
Vamos a sentarnos en silencio
a ver como sube la marea.
Quedaos quietas que empieza el espectáculo.
Guardemos el silencio de la noche
para que los perros piensen
que somos solo parte del paisaje
y corran a ladrar a otro horizonte.

Hermanas, venid ¡Venid!¡Tocadme!
Abrazadme, que estoy emocionada.
Que el agua está creciendo y se subleva
y las olas respiran como bueyes.
¡Venid, mirad! El mar está subiendo
y lame con su lengua milenaria
y esculpe entre los riscos su semblante.

Y los perros le ladran a la espuma
y sus fauces se aferran a la nada.
Desde atrás, los fieros cazadores,
disparan la negrura impenitente.
El mar sigue, monocorde, en su batalla.
Impasible a las balas y a la muerte.


¡Venid, hermanas, que sube la marea!
Que viene firme, informe, incontenida
a tomar lo que es suyo de esta playa.
Mañana el milagro habrá pasado
no habrá perros rabiosos en la orilla.
El mar se irá, después, para dejarnos
la tierra a nosotras y a los pájaros.

Pero esta noche venid, hermanas mías.
Unámonos despacio al oleaje
para limpiar de monstruos las marismas.
Fundámonos tranquilas con las olas
y perdamos las formas y la forma
y abracémonos fuerte a la oriflama.

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