domingo, 3 de abril de 2011

Acuarios


Letra liquida
1.Cuentos de terror para acuariófilos.

Las explicaciones pueden ser infinitas, pero realmente todos sabemos que solo hay tres razones por las que alguien trata de inventarse un pedazo de río entre cinco cristales. Nos gusta mirar, nos gusta crear y recrear y nos fascina la idea de que, a pesar de haberlo construido, con nuestras propias manos, a pesar de haberlo observado con minuciosidad clínica, con ojo crítico, con placer esteta... No entendemos nada.

En la urna de cristal, los peces mudos miran con sus ojos abiertos.¿Pueden soñar los peces? ¿Piensan? Y plantas extrañas crecen en un entramado barroco e imposible. Caracoles como gigantescas bestias mitológicas trepan por ellas desperezando apéndices sin huesos, ojos ciegos, se golpean entre ellos, ignorándonos casi con desprecio, en su su misticismo primigenio de antiguos dioses olvidados...

Et voi-! El terror. Sonríes. Me has pillado. Claro, como no... H.P Lovecraft, rescatando de la memoria colectiva el secreto profundo y ancestral de que salimos del agua por miedo, por debilidad, porque allí solo podíamos ser víctimas y nunca culpables, solo presas fáciles, solo carnaza... Evitamos contarles a los niños que cuando salimos, el rencor del vencido nos enseño a odiar y a jugar al dolor para sentirnos fuertes. Y sin embargo ellos, los que no necesitaron cambiar, los que nos infundían terror, los que nunca tuvieron una razón para irse, ellos, desde mas allá de “ser” o “yo” , sin concepto de bien, sin mal, no odian. "No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas."

Hay una envidia entonces, una proyección inconsciente del ideal, y una melancolía por lo que no podemos ser. Desde el principio de los tiempos...

Algo anterior a nosotros, algo diminuto que se esconde en el epicentro del hipotálamo, en la parte mas recóndita del subconsciente, mas allá del sexo y la violencia... La voz grave de Cortazar que susurra “No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua.” Y poco a poco justifica “Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?

Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro.” Por que el temor al Dios nace del odio, de la frustración por no alcanzar su serenidad cruel y a esa virginidad del alma que les permite el horror de esa manera tan sencilla, flagrante y elevada: sexo angelical, muertes atroces, constantes, nutritivas, cotidianas... En el silencio lento del agua invisible y densa.
Queremos ser, en el fondo como ellos. Tememos ser así y no asimilarlo. “No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.

Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible.”

Así que es necesario... Hay que matar al padre, a hay que vencerlos, hay que hacerlos salir del paraíso, por que si nosotros no estamos no ha de estar nadie. Hay que derribar a Urano de su trono, castrarlo y ser él y para eso todas las religiones conocen el secreto. Siempre hay un rito sutil que nos cuenta como hacerlo: devorar los huesos de Huitzilopochtli. Los huevos que son el alma de Dionisos, la carne y sangre de Cristo... Hay que devorar al dios para tener en nosotros un poco de su esencia. Curzio Malaparte en “la Piel” nos explica como se hace esto a la italiana: "La puerta se abrió y aparecieron cuatro criados de librea trayendo..., un inmenso pez colocado sobre una fuente de plata maciza. Una chiquilla estaba tendida sobre la espalda en medio de la fuente sobre un lecho de verdes hojas de lechuga en el centro de una guirnalda roja de corales. Aquí y allá, destrozada por la cocción especialmente sobre los hombros y los flancos, la piel dejaba ver por los cortes y las resquebrajaduras la carne tierna, argentina en un punto, dorada en otro […] tenía el rostro (que el ardor del agua hirviendo había hecho saltar fuera de la piel...) parecido una reluciente máscara de porcelana antigua... Los flancos, largos y esbeltos, terminaban como dice Ovidio, in piscem, en cola de pez. Yacía aquella chiquita en la fuente de plata y parecía dormir...
-¡Pero esto no es un pescado! ¡Es una chiquilla!
Después de la liberación de Nápoles los aliados habían prohibido por razones militares la pesca […] El general Cork... había tomado la costumbre de surtir su mesa con los peces del acuario de Nápoles. Durante la cena en honor de Eisenhower se comió el famoso pulpo gigante […] Churchill encontró en su plato un pescado redondo y delgado del color del acero: un torpedo eléctrico..
-La electricidad -respondió el mayordomo- es peligrosa cuando está cruda, cocida no hace ningún daño.
Un día se acabaron los peces; no quedaba más que la famosa sirena de la especie de los sirénidos, que por su forma casi humana dieron lugar a la leyenda de las sirenas. El mayordomo escribió en la minuta:
-Sirena en salsa mayonesa con corales". Cerramos el libro, levantamos la vista a la urna vítrea y desde un lugar mas profundo que la idea, Calderón escupe nuestra infamia
“ Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
¿y yo, con más albedrío,
tengo menos libertad?”
Y uno se queda, absorto en la melancolía entre la paz y el vacío de haberlo capturado, de encerrarlo, alimentarlo como un prisionero de guerra, interrogarlo, si preguntas (¿como preguntar el infinito?)Perdidos aun mas por poseer a dios indiferente que nada en el abismo negando para siempre una respuesta.

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