domingo, 20 de julio de 2008

Juntapalabras

A mi me enseñaron a leer de muy chica porque le exigía a los mayores que me contasen historias constantemente. Con dos años mi tía Marisina decidió que era el momento de empezar a enseñarme como eran las letras, y diseño/compuso todo un poemario que hubiese dejado a Tristan Tzara a la altura del betún. Cuando esos signos incongruentes y yo empezamos a conocernos, y ya nos saludábamos y nos hablábamos por el nombre, Marisa consideró que debía dar otro paso, recortaba palabras de periódicos y revistas y me hacía juntarlas para darles sentido. Con tres años ya leía de corrido y como en mi casa siempre han descuidado las medicinas, los detergentes y el material incendiario, una, que nunca sintió especial interés por las aspirinas o la lejía, se intoxico con lo más peligroso que había en casa: los libros de papá.

Me convertí en un chistecito o en una aberración de un metro treinta. Hasta los nueve o diez años mi padre me paseaba por las librerías las mañanas de sábado que no había fútbol como si fuese un espécimen de feria. Los dependientes no se lo creían, buscaban la trampa, apartaban a mi padre para hacer preguntas, mientras él, henchido de satisfacción, sonreía como lo haría un mago mientras tratan de descubrir su truco.

Pero no había truco.

Mi primer romance literario fue Eduardo Galeano. A los tres años me regalaron "La Piedra Arde", el mismo día que mi padre se compró la trilogía de la tierra del fuego. Y eso también eran cuentos. Antes de los cinco años ya me había leído todo lo que tenía publicado hasta el momento y me definía a mi misma como radicalmente de izquierdas, por lo que ya desde el parvulario pude descubrir el matiz fabuloso del ceño fruncido de tres madres superioras distintas.

A Galeano le siguió Reynaldo Arenas, por que tenia una edición preciosa de "Otra vez el mar", con una portada llena de conchitas como las que yo buscaba en el espigón del marecito del Zapillo en mis vidas de verano.

Como me gustaban los animales Polo (que es él, no yo) me presento a Gerald Durrell, pero se dio cuenta de que no era una buena idea cuando comencé a llenar la casa de pajaritos, roedores, insectos y batracios repartidos por diferentes microecosistemas cuidadosamente elaborados en cajas de zapatos, botes de café, jaulas de mimbre y peceras decorativas.

Con Gerry llego Laurence y en un abismal salto geográfico apareció la poesía. A los 8 años descubrí a Machado ( Antonio) y tras un recorrido lento y largo entre los romances medievales, los simbolistas franceses y el constructivismo ruso aparecieron ellos... Miguel y Vladimir. Hernandez y Maiakovski. A pesar de las diferencias siempre he creído que tenían los mismos ojos. Me hice un libro con poemas de los dos a base de varios libros destrozados que encontré por casa, cuya forma y tamaño eran absolutamente dispares. Me lo llevaba a todas partes y cada vez que leía algunos poemas, lloraba con absoluto desconsuelo mientras mi madre me decía - ¡Te lo voy a quitar! ¿Para que lo lees si te vas a poner así?- Y yo le decía- No madre, si estoy triste pero me gusta.- Y ella se reía y me llamaba loquita.

Las manos de mi madre son perfectas y grandes, y cuando fuma sus dedos se alargan como en un Modiglianni. Mi madre casi no lee. Mi padre es un coleccionista de libros compulsivo. Pero mi madre me escuchaba leerle mis textitos mediocres casi cada a diario, aunque llegase cansada del trabajo a las doce de la noche y le doliese la cabeza. Yo me acurrucaba en su regazo y le leía mientras ella, muerta de sueño, me acariciaba el pelo y me decía orgullosa: ¡Que bueno es! Y yo la besaba en la frente y le daba las gracias con condescendencia, pensando- Pobrecita, con lo que ella me quiere y lo poco que sabe- Y poco a poco dejé de escribir. Por que lo malo de tener doce años y leer a Maiakovski es que desde antes de empezar sabes que no vas a llegar.

Así que asumí mi falta de talento como literato tan precozmente como lo descubrí y me conformé con leer, consciente de que es una parte tan importante como la otra. Entraba en la adolescencia de la mano de Kafka, Quiroga, Maupassant, Pavese, Pessoa, Celan, Artaud... Y claro... Llegó el negro. "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos"

Y el suicidio se convirtió en algo cotidiano, me aprendía los últimos versos escritos por cada uno de ellos, las ultimas frases dichas o enviadas, a tinta, a sangre o a suspiros, que también es una forma de sangrar...Tal vez por eso nunca lo sentí como algo loable o especial, sino como algo natural en alguien con una determinada vocación. Pero no la mía. Eso era cosa de escribientes, y yo era del otro bando.

Sin embargo eso no significa que una no fuese complicada. Antes de vivir mis propios desengaños ya venía advertida por mis muertitos privados del tedio de la vida, las amistades ficticias y los dolores incomprensibles, lo que me hacía tener esa actitud repelente y ridícula del que viene de vuelta de todo sin haber estado en ninguna parte.


Y mi padre ya no vio divertido llevarme de paseo a las librerías. Una niña que recita a Neruda y discute con los libreros de la calidad de "La vida está en otra parte" frente a "la insoportable levedad del ser" es un divertido monito de feria hasta que hay mas información que niña. Y como el conocimiento si ocupa lugar, la va empujando pensamientos, va desechando barbies y chicos del barrio, series de la tele, amigas y expresiones infantiles... Hasta que los saca del todo para sentarse a sus anchas.

Fui una adolescente fea. Es un hecho. No me refiero a una cuestión física, que también, y mi trabajó me costó mantener a raya cualquier atisbo de atractivo de esos que inevitablemente me emparentaban con mi madre, que era una muñequita tallada en canela en rama. Era agresiva y triste - Siempre fuiste una niña difícil- y sobre todo protestaba continuamente, de una forma incendiaria, justificada o no, rabiosa, como el juguete de Roberto Arlt. Fui consciente de que lo único que nos unía a Polo ya mi era la literatura, así que empecé a leer a autores que el no conocía para ampliar esa distancia. Yo engullía a Yukio Mishima mientras el leía a Lobo Antunes. Yo hablaba de Kenzaburo Oé mientras él traducía a Saramago. Como los niños bilingües que hablan en el idioma del padre cuando discuten con su madre, confundir los lugares comunes era la forma en la que le mostraba mi rechazo.

Pero todo pasa. Lo decía Wilde " Cuando uno es pequeño, admira a sus padres, luego los conoce, y sólo en algunos casos los perdona". Me fui dando cuenta, a medida que el fútbol lo dejaba de lado y su vida empezaba a dar palos de ciego, de que si solo nos unían los libros era por que él no tenía nada más. Me empezó a dar ternura la panza incipiente que ocultaba su cintura de torero, la flaccidez de sus piernas que antes eran duras como las de una estatua, su pelo cano, como el de mi abuelo, y las arrugas de su boca, como las de mi abuela...

Y le presté "País de Nieve" y me leí "la muerte de Carlos Gardel" y me regaló a Pennac y le presenté a Julien Gracq y comenzamos a jugar por primera vez los dos al mismo juego, sin que ninguno hiciera trampas ni se dejase ganar.

Ahora trabajo de lectora para la editorial Planeta, por que no tiene sentido escribir si no van a leerte. Y es reconfortante tener una vocación cumplida... Y ya estoy prevenida por Melville, por que este trabajo es un poco como el que tenía Bartleby antes de entrar en la oficina. Él se ocupaba de las cartas que nadie leería. Yo leo todos los libros, incluso los que no se publicarán nunca. Ninguno conoceremos jamás al escritor tenaz o emocionado que puso su corazón en un papel en el que sólo nosotros, voyeurs entrometidos, pondremos nuestros ojos. Sólo nosotros sabremos como suena el árbol que cae sólo en mitad del bosque.

Y queda la esperanza.

¡Oh, Bartleby!
¡Oh, Humanidad!

2 comentarios:

VUK dijo...

hello syrian kitty,
con tus palabras hermosas, sinceras y abrumadoras sobre la infancia, me voy a la playa... y me hacen comprender a la paula de hoy en día. eso sí, me desconcentran las faltas (ausencias de tildes, porques...) entre unas imágenes tan poderosas. el mundo no tiene por qué haberse perdido a una escritora sublime e internet te impulsará. i'm sure...

:Bloodflower: dijo...

Llegué a tu blog buscando imágenes de gatos. Esta entrada me ha dejado boquiabierta con tu habilidad sobre la lectura... sería buenísimo que siguieras escribiendo.
Saludos desde México!