lunes, 16 de abril de 2012

Cesapenas

Hay que tener mucho cuidado con la terminología que se utiliza por que los términos nos determinan. A mí no me gusta la nomenclatura de “15-M”, que me hace pensar en un atentado o en una operación militar. Tampoco me agrada que nos llamen “indignados”, porque si de algo está sobrado este movimiento es de dignidad. Es además falto de gusto no utilizar un vocablo neutro en un movimiento que hace tanto hincapié en el lenguaje inclusivo. José Luis Sampedro nos llamó “los quincemayistas” que es una cosa mucho más linda, que recuerda a la primavera y al despertar, a las tardes frescas y al campito joven. Y este movimiento si va de eso.

He escuchado demasiadas veces que el problema del movimiento es que no se define. Fallo nuestro, puede, pero es muy sencillo explicar a que se debe: no hace falta definir lo que está implícito y además sería casi inenarrable. Todos los que estamos aquí rondando padecemos de una variante del síndrome de Sthendal. Lo he oído en doscientas bocas, en doscientas voces… “Yo vine a ver.. Y entonces lo entendí. Y me quedé.” Por eso, porque simplemente llegas, y lo entiendes y dices “yo soy esto” y no hace falta dar más explicaciones, a veces se nos olvida que hay gente que nunca estuvo en esas preciosas plazas tomadas. Por eso y porque no hay tiempo, porque trabajar por crear un futuro mejor significa llevar dos meses sin dormir, malcomiendo, y el poco tiempo que tenemos entre nuestras vidas y la reformulación es para la familia y los amigos, o para la reflexión, o la mera supervivencia, no para dedicarse a escribir un diario…

Decía que esto es un movimiento de reformulación, y me gustaría volver a la importancia del lenguaje: me desconcierta cuando nos llaman Antisistema, puesto que lo que pretendemos es reformar el sistema no destruirlo. No queremos la aniquilación de un sistema social, ni queremos anquilosarnos en ideologías caducas del siglo XIX. Lo que queremos es crear un nuevo modelo, aprovechando lo bueno de este y desechando lo que no nos vale, para hacerlo más justo y recuperar al ser humano como ese elemento inviolable que debería ser (homo homine sacra res) y que se está relegando a nivel mundial para conseguir un crecimiento económico que pueda luchar con los gigantes orientales, a cambio, como ellos, de reducir a los ciudadanos a un estado de infraesclavitud y mediante la creación de un régimen ecológica y humanamente insostenible.

Decía esto y decía que cuando uno se sentaba en círculo escuchando a sus compañeros, con los que había trabajado codo con codo en levantar una biblioteca improvisada o un comedor que alimente a todos los indigentes de Madrid por que Madrid no lo hace, y surgen los debates del orden del día( la democratización de la democracia, la privatización del canal de Isabel II en Madrid, la pérdida de camas en los hospitales catalanes, la ampliación de la edad de Jubilación ad infinitum cuando hay un 40 % de paro en los menores de 35 años, o la escasez de centros docentes en relación cantidad de niños sin colegio y profesores en paro…) a veces olvida que hay gente que no está sentada ahí, que no se mete en las redes y que aún no sabe que esto no es ni de izquierdas ni de derechas, sino de lógica… Hagamos un Mea Culpa por este deambuléo cumulonímbico…

Pero está esa placita, sitiada, condenada, acordonada, violada y violentada, furgones oscuros como amenazas franqueados por cientos de chavales (algunos demasiado jóvenes para robarles tan pronto el derecho a volver a mirarse en un espejo), tensos, asustados, maltratados y malpagados, uniformados y entrenados en el miedo y uno se acuerda... Era tan linda… Allí estaba infosol, allá, enfermería, cocina, allí era donde nos sentábamos en circulo a hablar sobre cómo hacerlo mejor y consensuábamos cada propuesta con paciencia y respeto…Y miras al caballo y recuerdas esa plaquita, 20 centímetros de bronce rezando “Dormíamos, despertamos. Plaza Tomada”. que los chicos de Artes hicieron como regalo de despedida… Y que ahora nos han arrancado de cuajo, como quien arranca una flor para detener la primavera.

Será eso. Que querían detener la primavera. Debe ser eso lo que explica algo tan ridículo como semejante despliegue (que según nuestra Constitución solo sería válido si el jefe de Estado declarase el país en estado de Alerta o de Excepción). Será eso, que arrancaron una placa porque después de despertar seguíamos recordando los sueños y como no tenían argumentos trataron de quitarnos los símbolos. Será por eso por lo que el martes se impidió a la gente hacer una asamblea de emergencia… No nos quieren dejar recordar, ni hablar, ni soñar. Pobrecitos.. ¿Cómo no entender tanta impotencia? Esto no está en una plaza, sino en cada uno de los que allí a prendimos a ser personas. Donde vamos, va con nosotros, sempiterna e incombustible, Y no podemos parar, porque el mundo es muy grande y hay mucho trabajo por hacer…

Y dicho esto a lo mejor es más fácil entender también porque no tenemos tiempo para explicar que fue Despertarse el Quince de Mayo.

Les Clées

viernes, 27 de mayo de 2011

El sueño o la muerte

Como las grandes revoluciones, esta nace en primavera... Y la gente, esa criaturita sumisa y manipulable, reducida a consumidores y consumidos, ha dado una sorpresa, ha recobrado memoria y dignidad ¿quien iba a decirlo? y ha salido.

La gente ha salido, elegante y vencedora, dando una lección de respeto y orden, demostrando que nadie necesia que le digan que puede o no puede hacer por que ya sabe que tiene que hacer.

La gente que sueña está dando una lección de realismo, llevando a la practica lo que la objetividad nos planteaba como un imposible.

Hace apenas unos meses nadie diría que en españa, las calles se fuesen a llenar de gritos y flores... Pero no basta con las flores...

Ahora que sabemos que lo objetivo era una mentira para sostener lo indefendible, no vamos a dejar que la revolución se pliegue con las tiendas...

Cuando pase la acampada, empezará la fiesta.

Esta es la revolución de la gente, esta la revolucion de nuestro tiempo.

Vamos a escribir la historia.

lunes, 4 de abril de 2011

Un Grand Amour

Los veo casi todos los días, caminando juntos, muy despacio. Vieja ella y viejo él. Llevan tantos años compartidos que se imitan hasta en los andares. Y se nota que se quieren, claro. Pero es distinto.


Hay en ella una evidencia del tiempo, un amor reposado, tranquilo, agradecido por los años, acostumbrada a su compañía, con una certidumbre de su presencia constante, tan suya y tan ajena, como la de su propia sombra. No queda ni un rastro de aquel sentimiento impulsivo e invasivo, cuando por primera vez se vio en sus ojos negros y lo deseó, lo quiso, quiso tenerlo para ella…


El amor de él sin embargo, ha sido absolutamente opuesto. Al principio estaba agradecido, si pero para él solo era una más de las que le acariciaban el pelo o le hablaban melosas, sucumbiendo a sus encantos. No la quería. Fue con los años con lo que aprendió a hacerlo. Ellos le han hecho darse cuenta de que la necesita, de que no puede vivir sin ella, de que sin su presencia no come y no duerme, de que su olor le trae la calma y el sonido de sus pasos le devuelve al hogar… Si se distrae y la adelanta, porque están tan acostumbrados a estar juntos que a veces ni siquiera reparan en que no están solos, se para en seco y la espera, mirándola embobado, como si como si aguardase a que las cataratas lo cieguen del todo y desease que fuese su rostro la ultima imagen que pudiesen robarle.


Y él, pobre viejo trata de conquistarla cada día, llama su atención, no vaya a enamorarse de otro o a distraerse con un escaparate y por un segundo deje de pensar en él. Y rozando casi el ridículo, intenta seducirla, le regala besos al aire, le hace mil monerías, se muere de celos si alguien la mira, como un adolescente enamorado, no vaya a ser que alguien descubra que bajo las arrugas de ella, se esconde la mujer más hermosa del mundo.


Y para ella salta como puede, se exhibe… Pero su corazón enfebrecido es más ambicioso que su pobre cuerpo reumático… Y le fallan las fuerzas y se enfada. Y entonces gruñe.

Ella le disculpa, me dice:

- Gruñe por que es viejo.


Y el sigue gruñéndose a las patas cortas, que no responden, chucho sordo, de pelo ralo y cuerpo informe.

Y parece que dice:

” No gruño por que sea viejo, gruño porque fui joven”.

domingo, 3 de abril de 2011

Acuarios


Letra liquida
1.Cuentos de terror para acuariófilos.

Las explicaciones pueden ser infinitas, pero realmente todos sabemos que solo hay tres razones por las que alguien trata de inventarse un pedazo de río entre cinco cristales. Nos gusta mirar, nos gusta crear y recrear y nos fascina la idea de que, a pesar de haberlo construido, con nuestras propias manos, a pesar de haberlo observado con minuciosidad clínica, con ojo crítico, con placer esteta... No entendemos nada.

En la urna de cristal, los peces mudos miran con sus ojos abiertos.¿Pueden soñar los peces? ¿Piensan? Y plantas extrañas crecen en un entramado barroco e imposible. Caracoles como gigantescas bestias mitológicas trepan por ellas desperezando apéndices sin huesos, ojos ciegos, se golpean entre ellos, ignorándonos casi con desprecio, en su su misticismo primigenio de antiguos dioses olvidados...

Et voi-! El terror. Sonríes. Me has pillado. Claro, como no... H.P Lovecraft, rescatando de la memoria colectiva el secreto profundo y ancestral de que salimos del agua por miedo, por debilidad, porque allí solo podíamos ser víctimas y nunca culpables, solo presas fáciles, solo carnaza... Evitamos contarles a los niños que cuando salimos, el rencor del vencido nos enseño a odiar y a jugar al dolor para sentirnos fuertes. Y sin embargo ellos, los que no necesitaron cambiar, los que nos infundían terror, los que nunca tuvieron una razón para irse, ellos, desde mas allá de “ser” o “yo” , sin concepto de bien, sin mal, no odian. "No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas."

Hay una envidia entonces, una proyección inconsciente del ideal, y una melancolía por lo que no podemos ser. Desde el principio de los tiempos...

Algo anterior a nosotros, algo diminuto que se esconde en el epicentro del hipotálamo, en la parte mas recóndita del subconsciente, mas allá del sexo y la violencia... La voz grave de Cortazar que susurra “No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua.” Y poco a poco justifica “Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?

Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro.” Por que el temor al Dios nace del odio, de la frustración por no alcanzar su serenidad cruel y a esa virginidad del alma que les permite el horror de esa manera tan sencilla, flagrante y elevada: sexo angelical, muertes atroces, constantes, nutritivas, cotidianas... En el silencio lento del agua invisible y densa.
Queremos ser, en el fondo como ellos. Tememos ser así y no asimilarlo. “No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.

Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible.”

Así que es necesario... Hay que matar al padre, a hay que vencerlos, hay que hacerlos salir del paraíso, por que si nosotros no estamos no ha de estar nadie. Hay que derribar a Urano de su trono, castrarlo y ser él y para eso todas las religiones conocen el secreto. Siempre hay un rito sutil que nos cuenta como hacerlo: devorar los huesos de Huitzilopochtli. Los huevos que son el alma de Dionisos, la carne y sangre de Cristo... Hay que devorar al dios para tener en nosotros un poco de su esencia. Curzio Malaparte en “la Piel” nos explica como se hace esto a la italiana: "La puerta se abrió y aparecieron cuatro criados de librea trayendo..., un inmenso pez colocado sobre una fuente de plata maciza. Una chiquilla estaba tendida sobre la espalda en medio de la fuente sobre un lecho de verdes hojas de lechuga en el centro de una guirnalda roja de corales. Aquí y allá, destrozada por la cocción especialmente sobre los hombros y los flancos, la piel dejaba ver por los cortes y las resquebrajaduras la carne tierna, argentina en un punto, dorada en otro […] tenía el rostro (que el ardor del agua hirviendo había hecho saltar fuera de la piel...) parecido una reluciente máscara de porcelana antigua... Los flancos, largos y esbeltos, terminaban como dice Ovidio, in piscem, en cola de pez. Yacía aquella chiquita en la fuente de plata y parecía dormir...
-¡Pero esto no es un pescado! ¡Es una chiquilla!
Después de la liberación de Nápoles los aliados habían prohibido por razones militares la pesca […] El general Cork... había tomado la costumbre de surtir su mesa con los peces del acuario de Nápoles. Durante la cena en honor de Eisenhower se comió el famoso pulpo gigante […] Churchill encontró en su plato un pescado redondo y delgado del color del acero: un torpedo eléctrico..
-La electricidad -respondió el mayordomo- es peligrosa cuando está cruda, cocida no hace ningún daño.
Un día se acabaron los peces; no quedaba más que la famosa sirena de la especie de los sirénidos, que por su forma casi humana dieron lugar a la leyenda de las sirenas. El mayordomo escribió en la minuta:
-Sirena en salsa mayonesa con corales". Cerramos el libro, levantamos la vista a la urna vítrea y desde un lugar mas profundo que la idea, Calderón escupe nuestra infamia
“ Nace el pez, que no respira,
aborto de ovas y lamas,
y apenas bajel de escamas
sobre las ondas se mira,
cuando a todas partes gira,
midiendo la inmensidad
de tanta capacidad
como le da el centro frío;
¿y yo, con más albedrío,
tengo menos libertad?”
Y uno se queda, absorto en la melancolía entre la paz y el vacío de haberlo capturado, de encerrarlo, alimentarlo como un prisionero de guerra, interrogarlo, si preguntas (¿como preguntar el infinito?)Perdidos aun mas por poseer a dios indiferente que nada en el abismo negando para siempre una respuesta.

domingo, 20 de julio de 2008

Juntapalabras

A mi me enseñaron a leer de muy chica porque le exigía a los mayores que me contasen historias constantemente. Con dos años mi tía Marisina decidió que era el momento de empezar a enseñarme como eran las letras, y diseño/compuso todo un poemario que hubiese dejado a Tristan Tzara a la altura del betún. Cuando esos signos incongruentes y yo empezamos a conocernos, y ya nos saludábamos y nos hablábamos por el nombre, Marisa consideró que debía dar otro paso, recortaba palabras de periódicos y revistas y me hacía juntarlas para darles sentido. Con tres años ya leía de corrido y como en mi casa siempre han descuidado las medicinas, los detergentes y el material incendiario, una, que nunca sintió especial interés por las aspirinas o la lejía, se intoxico con lo más peligroso que había en casa: los libros de papá.

Me convertí en un chistecito o en una aberración de un metro treinta. Hasta los nueve o diez años mi padre me paseaba por las librerías las mañanas de sábado que no había fútbol como si fuese un espécimen de feria. Los dependientes no se lo creían, buscaban la trampa, apartaban a mi padre para hacer preguntas, mientras él, henchido de satisfacción, sonreía como lo haría un mago mientras tratan de descubrir su truco.

Pero no había truco.

Mi primer romance literario fue Eduardo Galeano. A los tres años me regalaron "La Piedra Arde", el mismo día que mi padre se compró la trilogía de la tierra del fuego. Y eso también eran cuentos. Antes de los cinco años ya me había leído todo lo que tenía publicado hasta el momento y me definía a mi misma como radicalmente de izquierdas, por lo que ya desde el parvulario pude descubrir el matiz fabuloso del ceño fruncido de tres madres superioras distintas.

A Galeano le siguió Reynaldo Arenas, por que tenia una edición preciosa de "Otra vez el mar", con una portada llena de conchitas como las que yo buscaba en el espigón del marecito del Zapillo en mis vidas de verano.

Como me gustaban los animales Polo (que es él, no yo) me presento a Gerald Durrell, pero se dio cuenta de que no era una buena idea cuando comencé a llenar la casa de pajaritos, roedores, insectos y batracios repartidos por diferentes microecosistemas cuidadosamente elaborados en cajas de zapatos, botes de café, jaulas de mimbre y peceras decorativas.

Con Gerry llego Laurence y en un abismal salto geográfico apareció la poesía. A los 8 años descubrí a Machado ( Antonio) y tras un recorrido lento y largo entre los romances medievales, los simbolistas franceses y el constructivismo ruso aparecieron ellos... Miguel y Vladimir. Hernandez y Maiakovski. A pesar de las diferencias siempre he creído que tenían los mismos ojos. Me hice un libro con poemas de los dos a base de varios libros destrozados que encontré por casa, cuya forma y tamaño eran absolutamente dispares. Me lo llevaba a todas partes y cada vez que leía algunos poemas, lloraba con absoluto desconsuelo mientras mi madre me decía - ¡Te lo voy a quitar! ¿Para que lo lees si te vas a poner así?- Y yo le decía- No madre, si estoy triste pero me gusta.- Y ella se reía y me llamaba loquita.

Las manos de mi madre son perfectas y grandes, y cuando fuma sus dedos se alargan como en un Modiglianni. Mi madre casi no lee. Mi padre es un coleccionista de libros compulsivo. Pero mi madre me escuchaba leerle mis textitos mediocres casi cada a diario, aunque llegase cansada del trabajo a las doce de la noche y le doliese la cabeza. Yo me acurrucaba en su regazo y le leía mientras ella, muerta de sueño, me acariciaba el pelo y me decía orgullosa: ¡Que bueno es! Y yo la besaba en la frente y le daba las gracias con condescendencia, pensando- Pobrecita, con lo que ella me quiere y lo poco que sabe- Y poco a poco dejé de escribir. Por que lo malo de tener doce años y leer a Maiakovski es que desde antes de empezar sabes que no vas a llegar.

Así que asumí mi falta de talento como literato tan precozmente como lo descubrí y me conformé con leer, consciente de que es una parte tan importante como la otra. Entraba en la adolescencia de la mano de Kafka, Quiroga, Maupassant, Pavese, Pessoa, Celan, Artaud... Y claro... Llegó el negro. "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos"

Y el suicidio se convirtió en algo cotidiano, me aprendía los últimos versos escritos por cada uno de ellos, las ultimas frases dichas o enviadas, a tinta, a sangre o a suspiros, que también es una forma de sangrar...Tal vez por eso nunca lo sentí como algo loable o especial, sino como algo natural en alguien con una determinada vocación. Pero no la mía. Eso era cosa de escribientes, y yo era del otro bando.

Sin embargo eso no significa que una no fuese complicada. Antes de vivir mis propios desengaños ya venía advertida por mis muertitos privados del tedio de la vida, las amistades ficticias y los dolores incomprensibles, lo que me hacía tener esa actitud repelente y ridícula del que viene de vuelta de todo sin haber estado en ninguna parte.


Y mi padre ya no vio divertido llevarme de paseo a las librerías. Una niña que recita a Neruda y discute con los libreros de la calidad de "La vida está en otra parte" frente a "la insoportable levedad del ser" es un divertido monito de feria hasta que hay mas información que niña. Y como el conocimiento si ocupa lugar, la va empujando pensamientos, va desechando barbies y chicos del barrio, series de la tele, amigas y expresiones infantiles... Hasta que los saca del todo para sentarse a sus anchas.

Fui una adolescente fea. Es un hecho. No me refiero a una cuestión física, que también, y mi trabajó me costó mantener a raya cualquier atisbo de atractivo de esos que inevitablemente me emparentaban con mi madre, que era una muñequita tallada en canela en rama. Era agresiva y triste - Siempre fuiste una niña difícil- y sobre todo protestaba continuamente, de una forma incendiaria, justificada o no, rabiosa, como el juguete de Roberto Arlt. Fui consciente de que lo único que nos unía a Polo ya mi era la literatura, así que empecé a leer a autores que el no conocía para ampliar esa distancia. Yo engullía a Yukio Mishima mientras el leía a Lobo Antunes. Yo hablaba de Kenzaburo Oé mientras él traducía a Saramago. Como los niños bilingües que hablan en el idioma del padre cuando discuten con su madre, confundir los lugares comunes era la forma en la que le mostraba mi rechazo.

Pero todo pasa. Lo decía Wilde " Cuando uno es pequeño, admira a sus padres, luego los conoce, y sólo en algunos casos los perdona". Me fui dando cuenta, a medida que el fútbol lo dejaba de lado y su vida empezaba a dar palos de ciego, de que si solo nos unían los libros era por que él no tenía nada más. Me empezó a dar ternura la panza incipiente que ocultaba su cintura de torero, la flaccidez de sus piernas que antes eran duras como las de una estatua, su pelo cano, como el de mi abuelo, y las arrugas de su boca, como las de mi abuela...

Y le presté "País de Nieve" y me leí "la muerte de Carlos Gardel" y me regaló a Pennac y le presenté a Julien Gracq y comenzamos a jugar por primera vez los dos al mismo juego, sin que ninguno hiciera trampas ni se dejase ganar.

Ahora trabajo de lectora para la editorial Planeta, por que no tiene sentido escribir si no van a leerte. Y es reconfortante tener una vocación cumplida... Y ya estoy prevenida por Melville, por que este trabajo es un poco como el que tenía Bartleby antes de entrar en la oficina. Él se ocupaba de las cartas que nadie leería. Yo leo todos los libros, incluso los que no se publicarán nunca. Ninguno conoceremos jamás al escritor tenaz o emocionado que puso su corazón en un papel en el que sólo nosotros, voyeurs entrometidos, pondremos nuestros ojos. Sólo nosotros sabremos como suena el árbol que cae sólo en mitad del bosque.

Y queda la esperanza.

¡Oh, Bartleby!
¡Oh, Humanidad!

sábado, 12 de julio de 2008

jueves, 3 de julio de 2008